De pastilla en pastilla: La gravedad de la Automedicación 

Por: Dra. Andrea Colli, especialista de la Clínica OSMO. 

La automedicación es la administración por voluntad propia de un fármaco; es muy común en analgésicos, vitaminas, antibióticos, médicamentos para resfriados y antidepresivos. Por disposición de la Secretaría de Salud, hace algunos años se modificaron los artículos 226 y 227 de la Ley General de Salud, en donde se establecen los criterios para venta y suministro al público de medicamentos, por lo que ahora es obligatorio presentar receta médica para la compra de antibióticos y medicamentos controlados. Dichas medidas se tomaron por la resistencia de las bacterias a los fármacos habituales.

Cuando ingerimos un medicamento, el cuerpo lo registra como un agente combativo de la enfermedad y comienza la mejoría de síntomas. Si el tratamiento no se completa adecuadamente, no hay garantía de que el virus o bacteria que la ocasionó haya muerto, y en cambio, se adaptará para combatir dicho medicamento, haciendo más difícil su erradicación. 

Si nosotros nos tomamos un medicamento por voluntad propia podemos enmascarar síntomas de enfermedades más graves. Un simple dolor de cabeza puede ser indicativo de estrés, una resaca o un problema de hipertensión, y si no dejamos que evolucione y se manifieste con los síntomas comunes de la enfermedad misma, el tratamiento puede ser completamente equivocado, y lejos de ayudar al paciente, perjudicarlo. Asimismo, una simple tos puede ser indicativo de un resfriado, faringitis, rinitis, bronquitis, neumonía, derrame pleura, fibrosis pulmonar o cáncer pulmonar; al automedicarnos podemos permitir que la enfermedad avance a etapas en donde será más complicado para el médico controlar el cuadro. 

Reacciones secundarias

Otro riesgo que existe con la automedicación son las reacciones secundarias al medicamento; ningún fármaco, ni las vitaminas, están exentas de efectos secundarios. Todos los medicamentos se procesan y eliminan a nivel renal o hepático y el abuso o consumo constante de dichos medicamentos pueden provocar daños al riñón o al hígado, convirtiéndose en un problema de salud severo. Además, cuando nuestro cuerpo no responde bien a un medicamento, existe el riesgo de anafilaxia, la máxima reacción alérgica que manifiesta el organismo, y provocar que los órganos entren en falla orgánica y, en casos graves, que el paciente muera. 

Existen medicamentos que pueden provocar gastritis y otros más que pueden provocar cambios en el azúcar y la presión sanguínea, por lo que están contraindicados para pacientes diabéticos o hipertensos. Si uno se sabe paciente de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión y se automedica un fármaco de esta naturaleza, puede potenciar los síntomas y la gravedad de su enfermedad de base. También existen fármacos que pueden crear codependencia. Si la persona tiene fácil acceso a antidepresivos o analgésicos de la familia de los opiaceos y los consume de forma indiscriminada, puede crear dependencia al medicamento, tal como si fuera cualquier droga. 

¿Y las vitaminas?

La única persona adecuada para prescribir vitaminas es el médico, y esto irá de la mano del estilo de vida que lleve el paciente; si la persona come bien, hace ejercicio, descansa adecuadamente y sus hábitos son saludables, es poco probable que necesite vitaminas. Autorecetarnos con vitaminas no es prudente debido a que existen un sin fin de vitaminas y el paciente no sabe exactamente cuál es la que necesitas. La Hipervitaminosis es una enfermedad que puede provocar un serio problema en el hígado por sobrecargarlo de vitaminas. Esto es algo parecido a las personas que consumen en exceso los suplementos alimenticios para aumentar masa muscular y que sobrecargan el trabajo del hígado y riñónderivando en insuficiencia hepática y pudiendo terminar con cirrosis. 

¡Aguas con los anticonceptivos!

Los anticonceptivos son un tema especialmente delicado en la automedicación debido a que están cargados de hormonas que pueden provocar trastornos de coagulación en la sangre y crear coágulos que viajen por el torrente sanguíneo y obstruirlo. Además, existen anticonceptivos especiales para pacientes con miomas o quistes, y si la paciente no sabe que lo padece, puede intensificar sus efectos.

Recuerda que ante la aparición de síntomas de alguna enfermedad, lo más prudente es acudir al médico, quien evaluará la situación y determinará el curso de acción para el tratamiento más adecuado. La automedicación puede perjudicarte más que beneficiarte. ¡Cuida tu salud!

gms

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